Descripción
Esta obra no tiene un recorrido claro. Es un laberinto porque no hay una sola entrada ni una única salida. Hay caminos, desvíos, momentos en los que me pierdo y otros en los que me encuentro. Lo que me acompaña en ese tránsito no es una voz fuerte, sino una intuición persistente que nace del cruce entre memoria y deseo, como si el cuerpo recordara antes que la mente. Y aunque no da respuestas, me recuerda que estoy viva, que estoy buscando, que estoy escuchando. Laberinto al susurro es una estación en mi tránsito interior.
El rostro que aparece es una presencia. Fragmentada, entrelazada con líneas, con formas, con capas de color que se cruzan sin pedir permiso. Es mi intento de representar lo que se siente al buscarse entre lo que los demás ven y lo que yo escucho dentro, y que ofrece la pausa necesaria en medio del ruido.
